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Aurresku contact

Jon Maya, de Kukai Dantza, firma una alianza con Sharon Fridman, que ha montado para su compañía de aires tradicionales vascos la muy ritual Erritu, que tendrá su estreno en el Festival DNA de Pamplona

Texto_BEGOÑA DONAT

La noche del 18 de mayo de 2015 está grabada en la retina y sellada en los currículums de Sharon Fridman y Jon Maya Sein. Fue la velada en la que el israelí anclado en Madrid se alzó con el Max al Mejor Espectáculo de Danza por Free Fall, y en la que el vasco vio reconocido el trabajo Gelajauziak, de su compañía Kukai Dantza, con dos manzanas enmascaradas, al elenco y a la composición musical. Ahora, tres años más tarde, la próxima edición del Festival de danza contemporánea de Navarra, DNA, programado entre el 28 de abril y el 13 de mayo, acogerá la unión de fuerzas de ambos coreógrafos. Su proyecto al alimón se titula Erritu y explora los ritos personales, íntimos y compartidos.

No es la primera vez que la formación guipuzcoana brinda a un creador ajeno a la danza tradicional vasca la posibilidad de entretejer su universo personal con el propio del folklore de la región. Botones de muestra son las co-creaciones junto a Cesc Gelabert, La Intrusa Danza, Ione San Martin y la más reciente y laureada, con Marcos Morau, director de La Veronal. La pieza compartida, Oskara, obtuvo el último Max al mejor espectáculo de danza. A Kukai Dantza le favorece la bicefalia.

Jon Maya, su fundador, se inició con seis años en el aurresku, quizá la forma más conocida de la danza tradicional vasca, y fue siete veces campeón de Euskadi en esta modalidad de baile. En la adolescencia lo compaginó con el clásico, y en la madurez, tomó la decisión de actualizar sus raíces culturales con la adición de lenguajes contemporáneos. Así surgió su compañía en 2001, como una manera de reivindicar la memoria histórica en este mundo globalizado.

“Somos lo que somos por lo que hemos sido. Ese arraigo es el hilo conductor de nuestros trabajos, y lo que planteamos siempre es una conversación con otros estímulos culturales”, expone Maya Sein.

Hasta 2008, coordinó las coreografías de Kukai, pero ese año decidió brindar la danza de su tierra a la mirada de otros.

La base de la compañía son seis bailarines, cinco de los cuales forman parte del proyecto desde su arranque. Todos comparten una formación y una trayectoria muy radicadas en la tradición, y una apertura mental y técnica para poder afrontar otros estilos y trabajar con creadores foráneos. Sharon Fridman comparte con Kukai un conocimiento profundo de los bailes tradicionales de su tierra. Maya ha reparado al respecto en que en Erritu hay pinceladas de danza que se pueden reconocer como israelíes, pero también las hay palestinas. “No es que queramos hacer folklore, sino que son influencias que están dentro de nosotros y emergen en los procesos de creación”, aclara el artista de Rentería.

No obstante, lo que le atrajo de Fridman fue que la base de su trabajo coreográfico es el la llamada técnica de improvisación y contacto. “La conexión de la fuerza y la energía de ese movimiento basado en el contacto físico y la improvisación con el lenguaje del movimiento de las danzas tradicionales vascas fue el motor que me animó a levantar el teléfono e invitarlo”, confiesa. El resultado de esta amalgama de bríos es, anticipa Maya, “un contact curioso porque se entremezcla, se diluye en otro movimiento y va apareciendo a lo largo de la coreografía”.

En Kukai también se han tendido puentes hacia otras disciplinas. En lo que toca a la música, han trabajado con, entre otros, la Orquesta Sinfónica de Euskadi y Carlos Nuñez. Para Erritu, sobre el escenario estará el contratenor David Azurza, al que el trabajo con compañías de danza no le es ajeno. En 2014 participó en el montaje de Torobaca, un dúo entre el británico de ascendencia bangladesí Akram Khan y el bailaor andaluz Israel Galván. Su participación en la coreografía de Fridman y Maya Sein es de tipo coral, y enlaza con la tradición de la música ritual.

Erritu es un trabajo que relaciona el viaje introspectivo individual con lo colectivo. Habla de nacimiento, de muerte y de celebración. El estreno será en el Santuario de San Miguel de Aralar, en plena montaña de Huarte-Araquil, Navarra. Durante la Quincena Musical de San Sebastián, en verano próximo, la cita también será en un lugar de culto ubicado en plena naturaleza, el Santuario de Nuestra Señora de Aránzazu, en Oñate, Guipúzcoa. La intención es representar en espacios rituales, a modo de site specific, en catedrales, montañas y entornos naturales. La raíz se nutre de la vanguardia. La vanguardia se enriquece de la raíz.

Kukai Dantza. Erritu, de Sharon Fridman. Festival DNA. 29 de abril. Santuario de San Miguel de Aralar (Pamplona). www.kukai.info www.festivaldna.com

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