fosc

ESCUCHA... ES DANZA 

 ‘Fosc’, original propuesta de Javier J. Hedrosa en el ámbito de las artes vivas, se presentó dentro del Festival Dansa València la semana pasada. Así lo vivimos…

 

Texto_OMAR KHAN Foto_JOSÉ JORDÁ

Valencia, 15 de abril de 2022

Danza para oír. Suena a contradicción pero es la base de Fosc, espectáculo que el joven valenciano Javier J. Hedrosa presentó el pasado 09 de abril en Espacio Inestable, en el marco del Festival Dansa València, este año con una programación que demostró amplitud de miras incluyendo un abanico que iba desde producciones convencionales hasta proyectos más experimentales (y de talento local), muy en sintonía con las artes vivas, como Fosc.

Aunque ensayan como posesos para que cada noche aquello salga igual, los que hacen teatro y danza enfrentan día a día circunstancias que pueden variar el guión o alterar el plan. Si vas al cine a ver Titanic, inequívocamente Leo Di Caprio va a hundirse congelado al final una y otra vez en cada proyección. Pero si vas a ver a Rafael Amargo, puede que el bailaor esa noche no esté de ánimo (“parecía fumado”, dice muy –mal- intencionadamente el guión) y le diga al público que la función no le sale porque “Valencia no tiene duende”.

Los que van mucho al teatro atesoran anécdotas como la de Amargo. Y justamente una recopilación de sucesos reales ocurridos en funciones de danza es lo que recoge Fosc, espectáculo del todo inusual en el que la danza es protagonista pero no vemos nada en ese escenario que, salvo dos ocasiones, permanece completamente vacío. Entre los espectadores, como si fueran unos más, tres intérpretes dan cuenta de un anecdotario delirante ocurrido en funciones de compañías y creadores tan variados que van de Pere Faura, Xavier Le Roy o Raimund Hoghe hasta Sol Picó, Rafael Amargo o Concha Velasco, quien se vino arriba en una función cantando Valencia en un teatro de la ciudad.

No es fácil sostener una propuesta en la que nada ocurre en el escenario pero el guión-anecdotario está narrado con soltura, cercanía y, sobre todo, humor. Inevitablemente, cada espectador evoca sus propias experiencias y anécdotas vividas en teatros de quién sabe dónde, y hacia esa activación de la memoria apunta Fosc. ¿Qué queda de una representación? ¿Qué guarda la memoria de ese momento efímero? ¿Cómo lo percibe?...

En la crítica de este mismo espectáculo publicada en la Revista Red Escénica, su autor, José Vicente Peiró, asegura que él estuvo allí, y que Concha Velasco se vino arriba con el Himno Regional y no con el pasodoble Valencia. Las traiciones de la memoria por culpa de la naturaleza efímera de lo escénico son también eje de la propuesta. En la cabeza de todos, los que estuvieron y los que no, ha quedado ya grabado y cerrado el tortazo Will Smith de los Oscar, porque fue transmitido en directo a millones de hogares, machacado hasta la saciedad por los medios y fácilmente localizable en Youtube. La grosería de Amargo queda, sin embargo, para los pocos que la vivieron y en la anécdota (¿distorsionada?) del que luego nos la cuenta.

Fosc discurre como esas reuniones sociales divertidas en las que conocemos a alguien que nos embelesa con sus anécdotas. Logra esa cercanía ubicando a sus intérpretes entre el público, y sería todavía más eficaz si ellos no leyeran y pareciera que narraran de forma espontánea esta treintena de anécdotas. La ausencia de acción escénica, que le hacía correr el peligro de quedarse en una sesión de cuentacuentos, es matizada por sutiles pero eficaces cambios de iluminación y dos intervenciones “escénicas”: la ingeniosa aparición de una pizarra con la minuta cronológica del espectáculo, y un único momento en el que el mismo Hedrosa, que también es intérprete, baja al escenario para imitar a Xavier Le Roy en su escenificación de La consagración de la primavera (en la foto).

La inclusión de esta escenificación, única teatralización de la representación, que supone una pausa y respiro entre el anecdotario leído, abre la interrogante de porqué solamente en ese episodio siente Hedrosa necesidad de recurrir a lo escénico, algo que ha venido evitando durante toda la función. Una vez incluido, deja entonces la duda de si no sería lógico, coherente y conveniente haberse esforzado en escenificar, de alguna manera, dos o tres anécdotas más.

No obstante, Fosc, tal como está, es una propuesta original y muy entretenida, evocadora de la naturaleza efímera del acto escénico. Es ejemplar de una acción de artes vivas, para nada cejijunta, que puede ser accesible. Y es también danza, aunque nadie baile.

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