JEROME BEL susyq1
Ovni coreográfico

Esta temporada nos depara una significativa doble visita del enfant terrible francés. The show must go on, obra temprana, se verá en Madrid por la Compañía Nacional de Danza, y Gala, obra reciente, recala como la estrella del Festival DNA, de Pamplona. De estas obras, de sus obras y de su radical pensamiento hablamos con él

Texto_DAVID RODRIGO BALSALOBRE Foto_JOSEFINA TOMASSI

Los que no conocen su obra seguramente hayan oído hablar de él cuando fue mediatizado como asistente de Philippe Découflé en la rompedora e imaginativa puesta en escena de la gala inaugural de los Juegos Olímpicos de Invierno de Albertville en 1992. Pero ese trabajo no fue más que una anécdota si se mira el conjunto de una carrera que lo ha situado como estandarte del movimiento de la no danza y máximo exponente de la danza conceptual francesa. Provocadoras y lúdicas, sus obras pueden pasar de una aridez conceptual extrema a una fantasía pop sin tapujos. Esta desconcertante ambigüedad atrae a una buena horda de seguidores incondicionales pero también a otra gran cantidad de detractores que no ven en sus obras otra cosa que su deseo de escandalizar. Lo cierto es que, guste o no, su trabajo apunta siempre hacia un mismo objetivo: cuestionar los códigos establecidos de la representación, del virtuosismo y del lugar ocupado por el espectador. Nacido en Montpellier (Francia) en 1964, Jérôme Bel se toma solo un año (1984-1985) para formarse en danza contemporánea y durante la década que sigue continúa haciéndolo bailando para coreógrafos franceses emergentes, amantes de lo físico y lo técnico, como Daniel Larrieu o Angelin Preljocaj.

Pero sus inquietudes no van por esos derroteros y el germen de lo conceptual asoma ya en 1994 con la creación de una obra para dos bailarines y once objetos, Nomdonée par l’auteur (Nombre dado por el autor) con la que comienza su carrera de coreógrafo. Esta obra explora los preceptos de la danza evitando su representación. Así arranca una primera serie de trabajos que van de 1994 a 2004 y que se caracterizan por la intención de Bel de difuminar su papel como coreógrafo transfiriendo a un primer plano otros elementos como son el concepto y el discurso que lo apoya. “En mis principios”, comenta, “me sentía realmente solo, rodeado por algunos amigos bailarines. Tras una primera cita en el Ministerio de Cultura francés, comprendí que su hipotético apoyo estaba subordinado al respeto del marco establecido y a unas reglas impuestas por la profesión, antinómicas a mi investigación artística. Afortunadamente la polémica que suscitaban mis obras ayudó mucho a la visibilidad de mi trabajo.” Este es el caso de su controvertida segunda obra Jérôme Bel (1995) en la que exponiendo los cuerpos de los bailarines desnudos como sujetos singulares, sin danza, interroga la forma en la que el público percibe estos cuerpos por el simple hecho de estar en escena. Proponiendo otro enfoque, Shirtologie (1997) muestra con humor el papel que juega el vestuario en la manera en la que el espectador ve al intérprete según como vaya vestido. En su deseo de seguir transfiriendo el acto de crear y el modo para conceptualizarlo, con Xavier Le Roy (2000) Bel juega con el tema de la autoría, firmando esta obra completamente realizada por otro coreógrafo, Xavier Le Roy.

El punto culminante de este periodo llega con The show must go on (2001) su primera obra de gran formato para 20 performers que reúne afecto musical y concepto coreográfico. La obra toma prestado el título de una famosa canción de Queen siendo hoy uno de sus trabajos más conocidos. Canciones populares, cuerpos y poco más, donde los performers aparecen tal cual son, normales, sin maquillaje ni vestuario e incluso empujados a no usar su técnica. El público se encuentra frente a un desfase entre lo que ve y lo que escucha, lo que espera y lo que obtiene, lo que siente y lo que percibe. En este sentido la obra permite al espectador construir su propia experiencia obligándolo a tomar un papel “activo”. The show must go on recibió un Bessie Award por las representaciones que tuvieron lugar en New York en 2005. La obra forma parte del repertorio de la Deutsches Schauspielhaus de Hamburgo, del Ballet de la Ópera de Lyon o la Candoco Dance Company. La Compañía Nacional de Danza dirigida por José Carlos Martínez se sumará a esta lista de compañías montándola para su repertorio y estrenándola este abril en los Teatros del Canal madrileños.

Retratos

Tras The show must go on se abre una segunda etapa de trabajo que puede ser interpretada como un proyecto de emancipación del bailarín en la que Bel da la palabra a intérpretes de grandes compañías que hablan de su trabajo y de su relación con la institución que les emplea. Esta etapa compuesta de solos/retratos comienza en 2004 con Véronique Doisneau, bailarina de la Ópera de París, le siguen Pichet Klunchun and myself e Isabel Torres, artista del Teatro de Río de Janeiro, estrenados ambos en 2005. Tres años más tarde salen a la luz la obra Lutz Förster, inolvidable intérprete de la compañía de Pina Bausch y Cédric Andrieux, bailarín que formó parte de las compañías de Trisha Brown y Merce Cunningham. Es también durante este periodo que Bel empieza a reflexionar sobre la necesidad de perennizar sus obras manteniéndolas en el repertorio de la compañía. Así habla de esta inquietud: “El público de la susodicha danza contemporánea se ha desarrollado mucho en estos últimos años. Me parece que hoy es conveniente que puedan ver mis obras más antiguas que, espero, ponen en perspectiva las más recientes. Pienso que este repertorio crea un corpus que va a permitir al público comprender mi planteamiento artístico”.

Otros cuerpos

jerome bel susyq

Como una brújula que indica siempre el camino a seguir, los trabajos de Bel parecen estar guiados por la aguja del riesgo. No saciado por el tomado hasta el momento, el coreógrafo se impone otro tipo de riesgo: el de llevar al escenario cuerpos difícilmente controlables, ya sea con personas con discapacidad intelectual como los integrantes del Teatro HORA, con sede en Zúrich, para los que crea la obra Disabled Theater (2012) o ciudadanos bailongos, amateurs, sin formación física ni consciencia de cómo estar en un escenario. Empieza así, en oposición a su precedente periodo de solos/retratos, una tercera etapa en la que aboga por la democratización de la danza y la aceptación de una propuesta no virtuosa. En esta vena realiza Courd’honneur (2013), encargo del Festival de Avignon, Tombe (2016), segundo pedido que la Ópera de Paris hace al coreógrafo después de Véronique Doisneau, en la que Bel propone a los bailarines de la Ópera invitar, para un dúo, a la persona con la que jamás compartiría el escenario o Gala (2015), que como ya le ocurrió a The show must go on 14 años antes, concentra la esencia de este tercer periodo. Gala, que aparece como una de las apuestas más atractivas del Festival DNA, de Pamplona, este mes de abril, reúne a 19 hombres y mujeres amateurs, que para esta ocasión serán ciudadanos navarros, entre los que se esconden dos profesionales, que expresan ante todo sus ganas de participar. Para poder armonizar a este grupo heterogéneo, Bel toma como base algo por lo que todos han pasado de pequeños: la gala de fin de año. Mostrando lo que no funciona, lo bien hecho o lo mal ejecutado, Gala desactiva la percepción tradicional del espectador sobre las formas aceptadas de representación. “Mucho de lo que sucede en el escenario de Gala está prohibido, es inaceptable en un espectáculo. Diría incluso que los cuerpos de los bailarines de Gala trastornan el dogma mismo de la danza contemporánea”, comenta el coreógrafo. “El éxito de Gala, que para mí es bastante… incomprensible… es una forma espectacular en la que caí sin querer. La idea era trabajar con amateurs en una relación no performativa. Pero lo que sucede es que el grupo de amateurs es finalmente muy espectacular, a causa del caos que hay en la escena. Caos, como potencial teatral, que ya había reconocido como artístico con los minusválidos mentales de Disabled Theater. Con el paso del tiempo me di cuenta que tenía que cambiar mi manera de pensar respecto a esta cuestión de la espectacularidad. No podía y no debía dejarme arrastrar en esa dirección porque acabaría haciendo cosas efectivas y fáciles. Así es que me dije: hagamos algo lo menos espectacular posible” afirma Bel contundentemente. Nace así Un spectacle en moins, última obra de Bel estrenada en diciembre de 2017 durante el festival de Otoño de Paris. ¿Posiblemente el inicio de una cuarta etapa en su carrera?

Jérôme Bel. The Show Must Go On. Con bailarines de la Compañía Nacional de Danza y ciudadanos madrileños. Del 4 al 8 de abril en Teatros del Canal (Madrid). Gala, con ciudadanos navarros., en el Festival de Danza Contemporánea de Navarra (DNA). Del XX al XX. Teatro XX. www.teatroscanal.com www.festivaldna.com www.cndanza.mcu.es

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