Olga de Soto susyQ

Senderos de la memoria

Tras 13 años de ausencia en la capital, Los Teatros del Canal de Madrid convocan a Olga de Soto para la representación, los días 9 y 10 de marzo, de Una introducción, su profunda inmersión en el mundo de La mesa verde, de Kurt Joos

Texto_OMAR KHAN

Por aquellos años de estudiante en París ni idea tenía la bailarina y coreógrafa Olga de Soto (Valencia, 1972), que terminaría radicada en Bruselas imbuida en un modo escénico centrado en la investigación, que es hoy reconocido como un eficaz cruce entre documental y creación, que le reportó el relevante Premio Nacional de la SACD, en Bélgica, por el conjunto de su trayectoria en general y en particular por ese trabajo de investigación y creación, cuya primera parte, Una introducción (2010), es la pieza que esta semana la devuelve a Madrid tras unos largos 13 años de injustificada ausencia. La cita será en Teatros del Canal los días 9 y 10 de marzo.

Fue en aquel tiempo de estudiante curiosa cuando en una clase por primera vez vio en vídeo La mesa verde (Kurt Joos, 1932), coreografía que años más tarde pasaría a ser el eje fundamental de este largo y ambicioso proyecto alrededor de esta pieza, un clásico inequívoco del llamado expresionismo alemán con un aplastante y demoledor mensaje antibelicista. “No la había visto nunca y quedé muy impactada pero tampoco estuve pensando en ella en los años sucesivos”, rememora la creadora que volvió a revivir esta fascinación justo después del estreno de su pieza historia(s) (2004), la obra con la que dio un giro a su investigación sobre la memoria corporal del bailarín y comenzó a hurgar en el mismo asunto de la memoria desde una nueva y sorprendente perspectiva. En realidad historia(s) fue un encargo, de entrada un poco incoherente, pues el Culturgest de Lisboa le pedía crear una obra que fuera un homenaje a otra, El joven y la muerte, coreografía de Roland Petit sobre texto de Jean Cocteau, estrenada en París en 1946, que en apariencia poco o nada tenía que ver con su trabajo ni sus intereses. “En realidad yo nunca hubiese elegido esa pieza y si acepté el encargo fue porque se me ocurrió la idea de localizar a los espectadores que estuvieron en su estreno, ir a la búsqueda de estas personas para comprobar de qué se acordaban, cómo lo sintieron”.

Tremendamente conmovedor resultó el experimento. Sin recurrir directamente a la obra homenajeada, Olga de Soto construía un discurso propio y veraz, basado estrictamente en los testimonios de estos viejecitos que, hablando de sus recuerdos del estreno, terminaban siempre refiriéndose a sus vidas y al momento que vivían entonces en aquel París al término de la Segunda Guerra Mundial. “Ha sido sorprendente darse cuenta de lo potente que son los fenómenos de identificación que genera la gente con obras, escenas o personajes. Muy pronto se salen del recuerdo de la representación para contar algo que han vivido personalmente o que les ha pasado. Se produce un cruce entre lo representado y lo que ellos vivieron”.

El fascismo por venir

Como lo de historia(s) fue un encargo le dio por pensar qué obra le habría interesado de verdad investigar. Y entonces vino el recuerdo de aquel vídeo, de Kurt Joos y el delicado momento en que La mesa verde se estrenó, justo cuando Hitler ascendía a Canciller en Alemania. “Me gustaba el mensaje de una obra pacifista que denunciaba el auge del fascismo y la guerra”, confiesa. Pero había otro aspecto que le seducía: la presencia de La Muerte como personaje, que estaba también en Petit pero de una manera muy distinta. “Me gustaba la idea de que en La mesa verde la representación de La Muerte fuese diametralmente opuesta a la de Jean Cocteau, que la representó en su forma más burguesa y elitista. La suya es una Muerte que lleva capa, joyas y vestido largo, que nunca toca a su víctima. En cambio, la que aparece en la obra de Joos es un cruce entre esqueleto y soldado, es la muerte del pueblo. Toca a sus víctimas, las coge, las mece y las conduce”.

olga de soto susyQ

Si algo tienen los procesos de Olga de Soto es que son minuciosos y laboriosos. “Mi trabajo desde hace 15 años está vinculado a proyectos de investigación bastante largos, que se concretizan luego en una o varias obras. En este caso, el proceso ha durado seis años. Lo que tuve claro desde el inicio es que no sería como historia(s), no me iría a buscar al público del estreno en 1932 en París, quedaba muy lejos, no habría gente ya, me parecía imposible”.

En Una introducción es perfectamente reconocible el empeño, tesón, dedicación y pasión fruto de sus seis años de inmersión. “Ha sido un trabajo extenso de recopilación de documentos, artículos, correspondencias, material audiovisual y fotográfico, al tiempo que buscaba espectadores y bailarines que hubiesen asistido o participado en alguna reposición a lo largo del tiempo, especialmente los que habían interpretado La Muerte. Entre 2006 y 2010 he estado recopilando todo este material y yo misma fui empezando a producir archivos, porque una de las principales herramientas que uso es la entrevista, así que genero material nuevo y tengo ya 67 horas de grabación. Al final, el proyecto es un relato de relatos y para esta primera parte me he centrado en el testimonio de dos mujeres: Françoise Dupuy, que fue espectadora de la obra, y Michelle Nadal, que la ha bailado”.

Aunque pueda parecer que parten de un mismo patrón con resultados similares, historia(s) y Una introducción no son iguales. “La mesa verde se puede comprender fuera de su contexto histórico. Su mensaje trasciende la época, se puede entender en todos los tiempos. Hoy en día, un espectador joven que haya vivido la crisis desde 2008, lo que yo le cuento no le va a parecer para nada ajeno. En El joven y la muerte lo que me interesaba era las circunstancias del estreno en París pero en La mesa verde me interesa cómo ha cruzado geografías y ha persistido su mensaje en el tiempo”, concluye la creadora.

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